Empieza por cómo cuidas de tu salud
No necesitas lo mismo si utilizas el seguro de forma puntual que si prevés acudir con frecuencia. Piensa primero en qué uso quieres darle.
Se trata de un dispositivo muy avanzado que se sitúa bajo la piel del tórax del paciente. Posee unas sondas que pueden permanecer en el interior del pecho o llegar al corazón, con las cuales se analiza el ritmo cardiaco.
Este desfibrilador es capaz de distinguir el mal funcionamiento del corazón, de modo que si detecta una arritmia peligrosa, produce una descarga. Tras ella, el músculo cardíaco comienza a latir con normalidad de nuevo.
Ahora mismo, estos dispositivos son capaces de producir pulsos con distintas intensidades de energía, escogiendo la más adecuada en cada momento.
Es diferente de otras máquinas muy conocidas como el marcapasos. En concreto, el marcapasos se encarga de estimular el corazón cuando detecta que va despacio, pero no ofrece la descarga como terapia de choque, que es lo que diferencia al desfibrilador.
Un desfibrilador interno tiene varias ventajas para aquellos pacientes que lo llevan. De hecho, les puede salvar la vida en bastantes ocasiones.
Baja, de manera drástica, la muerte súbita por paro cardiaco. Ya hay ensayos clínicos que demuestran que estos pacientes tienen un riesgo un 50 % menor de morir que los que solo toman pastillas.
También rebaja la tasa de mortalidad global en cifras que alcanzan el 30 %, en aquellas personas que padecen problemas del corazón como la insuficiencia cardíaca.
La calidad de vida de los pacientes que llevan el desfibrilador es mayor. Es cierto que al inicio sufren un poco de ansiedad, pero pronto desaparece cuando se dan cuenta de que pueden volver a sus actividades normales.
Otro beneficio que tiene que ver con la implantación del desfibrilador es que los ingresos se reducen casi a la mitad. Como actúa por su cuenta, una vez que detecta que el corazón no va bien, se evitan las entradas en urgencias y los posteriores cuidados en la planta del hospital.
Aunque dejamos esta ventaja para el final, quizá es la más importante de todas. Ahora, el paciente sabe que está seguro ante la aparición de una arritmia, puesto que la actuación del desfibrilador es inmediata.
Eso da una sensación de tranquilidad y de bienestar enorme, a la vez que ayuda a que estas personas introduzcan cambios en sus hábitos de vida y sigan los tratamientos a rajatabla.
No todas las personas con enfermedades del corazón deben llevar un desfibrilador. En concreto, este se recomienda en enfermos con taquicardia ventricular sostenida o fibrilación ventricular sostenida.
Igualmente, está indicado para los pacientes con miocardiopatía, y los que tienen síndrome de QT largo, síndrome de Brugada o miocardiopatía arritmogénica que conllevan un riesgo elevado de paro cardíaco.
Otro caso en el que es necesario es cuando ya se ha producido un paro cardíaco o un infarto de miocardio. En estas personas, el dispositivo previene que estos accidentes cardiovasculares se repitan con resultado de muerte.
En cuanto a los pacientes que más se benefician del desfibrilador, los hay de varios tipos. Por ejemplo, un grupo es aquel con enfermedades genéticas de riesgo, las cuales se asocian a la muerte súbita por problemas de corazón.
El enfermo tipo para el que se indica el desfibrilador interno es el que padece arritmias ventriculares, pero también aquel que sufre insuficiencia cardíaca avanzada.
No necesitas lo mismo si utilizas el seguro de forma puntual que si prevés acudir con frecuencia. Piensa primero en qué uso quieres darle.
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